¿Qué pasa cuando tu mundo está al revés?

¿Qué pasa cuando lo que pensabas que era tierra resulta ser cielo?

Cuando lo que creías sólido es agua.

Cuando lo que parecía tangible es abstracto.

Cuando lo que pensabas que era agua resulta ser seco.

¿Qué pasa?

¿Qué pasa cuando las cosas brillantes de este mundo se vuelven opacas?

Cuando aquello que considerabas importante ya no lo es.

Cuando descubres que lo que parecía mucho es poco.

Que lo que pensabas que poseías no es nada.

¿Qué pasa cuando el tiempo comienza a correr demasiado rápido?

Cuando aquello que veías tan lejos ahora está frente a ti.

Cuando miras el tiempo cara a cara.

Es entonces cuando te sientas junto a Jesús.

Él te abraza.

Apoyas tu cabeza sobre Su hombro y lloras.

Lloras porque, por un instante, comprendes una pequeña gota de lo que realmente es la vida en este mundo.

Y entonces le dices:

“Señor, enséñame a vivir.

Porque no sé cómo hacerlo.

No entiendo.

Guíame.

Muéstrame el camino.”

Solo Tú sabías distinguir perfectamente lo importante de lo que no lo era.

Solo Tú no estabas limitado por las barreras que nosotros construimos.

Solo Tú veías más allá de las apariencias.

Solo Tú caminabas por este mundo entendiendo todo con perfecta claridad.

Señor, por alguna razón nos has puesto aquí.

Enséñanos a vivir como Tú viviste.

Enséñanos a ver como Tú veías.

Enséñanos a amar como Tú amaste.

Y a reconocer, en medio de tantas ilusiones, aquello que realmente permanece.

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