Marcos 6, 30–44

Cinco mil hombres
El número no es lo importante. En este pasaje podemos ver la compasión, la bondad y el amor de Dios en acción.
Desde el primer discípulo que se preocupó al verlos hasta los que ayudaron a repartir la comida y a recoger las cestas, todos obedecieron creyendo en Jesús, sin saber lo que pasaría. Y eso es importante, porque nos enseña a entregarnos a Él con plena confianza, entendiendo que «nada es imposible para el Señor».
Esta es una frase que escuchamos mucho, pero, por nuestras limitaciones humanas —visuales, auditivas y emocionales—, nos cuesta creer ciegamente en Él. Nuestra fe es pequeña.
En este pasaje, el Señor nos invita a mirar los problemas de frente y, al mismo tiempo, a ponerlos en sus manos. A presentárselos, a hablarle y a contarle nuestras preocupaciones. Pero también a escuchar, a obedecer y a hacer lo que nos diga. A sentarnos en silencio y escuchar su palabra.
Sobre todo, nos invita a ponernos a su disposición para acercarnos a esa fuente de alimento inagotable, no solo para sostenernos nosotros, sino también para compartir con los demás. Para convertirnos nosotros mismos, a través de Él, en fuentes inagotables de amor, compasión, esperanza, amabilidad y obediencia para quienes nos rodean.
¡Qué hermoso es ver la obra de Dios! No siempre será posible verla, pero ¡qué gracia tan hermosa recibimos cuando logramos verla!
Amén.